El pasado día 26 de febrero celebramos en la Biblioteca Bonnemaison la VII sesión de Lectures al Jardí. Los protagonistas en esta ocasión, como ya os anunciamos, fueron Arantzazu del Campo, Àlex Nogués y Anna Omella y sus respectivas novelas (La seducción del corazón muerto, Nan Madol y Sota els porxos).

Como en las demás ocasiones, fue un placer escuchar a los tres autores leer un fragmento de su novela en construcción. A veces nos preguntan por qué no lee un lector profesional los fragmentos y la respuesta es siempre la misma: nadie puede defender tan bien un texto como el propio autor.  Además, su novela está en construcción, pero también su identidad como autores. Identidad que deben aprender a asumir enfrentándose a un público, leyendo en voz alta, participando en debates. Como profesionales de la literatura deben aprender todos esos imprescindibles recursos para escritores.

De izquierda a derecha Rosa Mena, Arantzazu del Campo. Àlex Nogués i Anna Omella
De izquierda a derecha Rosa Mena, Arantzazu del Campo, Àlex Nogués y Anna Omella

Más que describiros cómo fueron los fragmentos que leyeron (podéis conocer los argumentos de las novelas en este post) nos gustaría hablaros de la sesión en conjunto, porque toda la lectura tuvo un sentido unitario que la hizo especialmente interesante.

En primer lugar leyó Arántzazu un fragmento de La seducción del corazón muerto, una novela que, al menos por el momento, tiene elementos de novela negra ambientada en lugares llenos de lujo y sofisticación pero de dudosa legalidad. El segundo lector fue Àlex que, con la novela juvenil llena de elementos fantásticos Nan Madol, rompió totalmente el clímax negro del primer fragmento. La última lectora fue Anna y su Sota els porxos, que nos devolvió a la novela negra, pero de una forma que nada tiene que ver con la novela de Arantzazu.

Arantzazu del Campo
Arantzazu del Campo

Esos contrastes entre dos novelas tan similares y distintas a la vez, intercalada por otra completamente diferente convirtieron la lectura en una verdadera reflexión sobre la creación literaria. Dos novelas que, al menos por el momento (recordad que están en construcción), cabrían en la misma estantería de una librería pero que son totalmente diferentes. Curiosamente, tanto Arantzazu como Anna eligieron para leernos el inicio de la novela, la presentación de los personajes. Pero ahí se acabaron los parecidos. Mientras el texto de Arantzazu utiliza un lenguaje elaborado con frases llenas de subordinadas -lo que contribuye a la creación de un ambiente entre lo aterciopelado y lo morboso que rezuma una refinada crueldad-, el fragmento de Anna tiene un lenguaje cortocircuitado, lleno de frases cortas y un vocabulario repleto de argot de las calles (concretamente del Barrio Gótico de Barcelona), lo que confiere a la novela una sensación de velocidad, de prisa, de personajes que van corriendo de un lado a otro. Esos personajes lumpen, junto con los escenarios que describe el fragmento (bares, cajelluelas) hace que prácticamente puedas sentir el mal olor de las calles por las que se mueven.

alex llegint
Àlex Nogués

Y, entre estos dos textos tan similiares y tan diferentes el fragmento de Àlex, que nada tenía que ver con ellos por  su lenguaje claro y limpio y sus jóvenes protagonistas. Curiosamente Àlex no eligió el fragmento inicial, sino el punto de inflexión de la novela. El que conecta una narración juvenil de tintes más convencionales con un mundo lleno de elementos fantásticos.

Durante el debate aparecieron numerosas cuestiones. Àlex nos contó el origen casi fantástico de su novela: un texto escrito por él mismo sobre los diez años que descubrió casualmente en medio de una mudanza. Lo curioso es que no recordaba nada de ese escrito y, más curioso aún, le faltaba la página final que cerraba la historia. Por eso se decidió retomar la historia y poco a poco se está convirtiendo en la novela Nan Madol.

Anna nos contó que Sota els porxos era también la reivindicación de un Barrio Gótico, un lugar en el corazón de Barcelona que ha dejado de ser de los barceloneses para convertirse prácticamente en patrimonio de los turistas. Nos habló de temas muy interesantes, como en qué momento exacto quiere ambientar su novela y qué implica ello en detalles, como por ejemplo utilizar los euros o las pesetas como moneda.

Anna Omella
Anna Omella

Por su parte Arantzazu, ante una pregunta del público, reconoció que algunas partes de su novela eran un reflejo de historias que había vivido de segunda mano como consecuencia de su trabajo en el mundo de la noche. Esa recepción de historias de los demás fue calando en ella y poco a poco las historias se fueron destilando en las páginas de su libro.

Como ya es clásico en las sesiones de Lectures al Jardí, apareció el tema de si trabajaban o no con escaleta. Tanto Àlex como Anna manifestaron que no se sentían cómodos en una estructura de trabajo rígida como una escaleta. Àlex llegó a comparar escribir con o sin escaleta a hacer un viaje organizado u otro por libre. Sin embargo, Arantzazu, alumna de una escuela de escritura, sí se posicionó a favor de tener una escaleta como guía para luego tomarse la libertad de seguirla o no. Siguiendo el símil de Àlex, algo así como comprar un viaje organizado pero luego hacer la excursiones por tu cuenta.

Después del debate seguimos charlando con los autores y el público con una copa de vino en las manos. Fue una tarde llena de complicidades y literatura.

Nuestra última sesión: dos fragmentos con similitudes y diferencias y un fragmento lleno de fantasía

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